viernes, 22 de agosto de 2025

Danzas del Mundo, en la Alcaldía Tlalpan

Museo de Historia de Tlalpan, Ciudad de México.

El 22 de agosto de 2025 llegamos nuevamente al Museo de Historia de Tlalpan, esta vez para formar parte de Danzas del Mundo. Desde antes de iniciar se sentía algo especial: un público curioso, con ganas de asomarse a distintas culturas a través del movimiento, y un ambiente compartido con otras agrupaciones que también traían sus propias historias al escenario.

La tarde arrancó con esa sensación de estar en un pequeño viaje colectivo. Coincidimos con propuestas muy distintas entre sí: desde el folklore mexicano de Macehuani hasta la danza árabe de Ballet Maisha Tlalpan, la energía polinesia de Hula Me Ka Na’au, el flamenco de La Forja y la presencia musical del dueto de Luis Ángel y Amílcar. En medio de ese mosaico, nos tocó aportar nuestro pedacito de Bolivia.

De 18:00 a 19:00 h, Cacharpaya, La Fiesta Boliviana tomó el espacio no solo con la danza, sino también con la palabra. Entre cacharpaya tarijeña, cueca chapaca, morenada, huayño y caporales, fuimos entrelazando una narración oral inspirada en literatura contemporánea boliviana. Fue una forma distinta de compartir: no solo mostrar el baile, sino también invitar a escuchar, a imaginar, a entrar en el contexto emocional de cada ritmo.

El público respondió con mucha apertura. Se notaba ese deseo de descubrir, de dejarse sorprender por lo diverso. Y cuando llegó el tinku, volvió a suceder lo inevitable: el ritmo empezó a contagiarse, los cuerpos a soltarse, y varias personas invadieron el escenario con entusiasmo, convirtiendo ese momento en una gran fiesta colectiva.

Al final de nuestra participación, quedó una sensación muy bonita: la de haber tejido un puente entre distintas formas de expresión y haber encontrado, en medio de tantas propuestas, un punto en común con quienes estaban mirando.

Nos fuimos con la certeza de que estos encuentros, donde conviven tantas voces distintas, son también una manera de reconocernos. Y, una vez más, Tlalpan se volvió escenario de ese cruce afortunado entre culturas, ritmos e historias.

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